No quieres estar solo porque siempre lo has estado, pero te da miedo buscar compañía en otros, pensando que te acabarán abandonando tarde o temprano.

Mortífago - Metanfetamina

jueves, 24 de marzo de 2011

Historia de una primavera


Título: Historia de una primavera

Fecha: 24/03/11

Descripción: Anoche tuve un sueño. Un sueño que... oh, dios. Fue tan maravilloso y aterrador a la vez. Creo que fue algo importante. Y necesitaba escri
birlo, contárselo a alguien. So, that's it.

Otros: Las hormonas, que son muy malas.


Historia de una primavera


Hoy has venido.

Llovía. Pero tú estabas allí. No te oí llegar. Sólo… estaba esperando. Por una vez, no a ti. O quizá sí. No lo sé. Creo que entonces tampoco lo sabía.

Simplemente apareciste y te sentaste junto a mí, sin mirarme, sin mirarnos. Me dabas la espalda. En realidad, los dos lo hacíamos. Sin embargo, tú te giraste. Lo hiciste, joder. Y comenzaste recitarme al oído, suave, sin levantar la voz, pero tu fuerza llegaba hasta a mí. Parecías tan enfadado, tan ansioso. Me instabas con cada verso, con cada palabra. Sé que tengo que mover ficha. O quizá sea el momento de dejar caer el rey y abandonar la partida. No lo sé. Contigo no sé nada.

Pero ese momento… supe que era sólo nuestro, que era importante. Había esperado tanto tiempo, que tuve miedo de romperlo. Guardé todas las palabras en ese corazón mío que, estúpido, se había emocionado. Al fin me giré y te miré como nunca lo había hecho. Estabas serio, preocupado. Tenías miedo de que no entendiese tu mensaje. Y aún ahora me pregunto, ¿lo entiendo?

Tú seguías clavándome esa mirada tuya que tanto me asusta. Me da miedo porque no sé qué es lo que veo en ella, porque el océano es muy grande y yo ni siquiera sé a qué saben sus olas. Y tú sólo dejas que los rayos caigan sobre ellas, y tus ojos parecen azules como el cielo y grises como la tormenta.
El silencio de las gotas lo invadía todo, borrando con su agua las mentiras. Entonces atropellaron a la chica.
Corrí para ayudarla. No estaba herida. La furgoneta, blanca, no había hecho mucho por lastimarla. Sin embargo, necesitaba ayuda. Me volví desde la carretera para pedírtela y me devolviste la mirada como sólo tú sabes hacerlo. Suave. Cruel. Profundo. Sin sonrisas, provocando esa eterna duda.

Oscuro.

Te volví a mirar, ya no eras tú. Y nunca más lo serías. La sangre se me congeló en las venas. Ya no eras él. Eras otra persona. Había desaparecido el chico de poema.

Cuando me he despertado, la lluvia intentaba colarse por las ventanas.

Hoy te he vuelto a ver.

Una vez más, nos hemos mirado. Cielo y tierra, luchando a ambos lados de la frontera. Y me he preguntado en qué momento me convertí en la estúpida chica de la carretera.

No hay comentarios:

Publicar un comentario