Fecha: Noviembre de 2008, creo ò_ó
Descripción: Coso basado en la ¿famosa? estatua del Retiro con el mismo nombre. Para ser sinceros, no conozco su verdadera historia, o no me acuerdo, así que aquí está mi versión personal de los hechos :3
Otros:
- Leído en un colegio de monjas. Ejé :D
- Fue el relato gracias al cual me di cuenta de lo mucho que me gustaba escribir *-*
- La profesora solo me puso un bien. Gracias, ZORRA :D
Leyendas del Retiro

Aunque los años sigan pasando, siempre recordaré la mañana de octubre en la que, paseando por el Retiro, el propio Lucifer me contó la historia del Ángel Caído:
“Hubo un tiempo remoto en el que nadie había oído hablar de religiones ni bandos. En esa época no solo existían humanos sobre la faz de la Tierra, sino que también la poblaban seres maravillosos de una belleza indescriptible e infinita bondad. Aquellos seres eran ángeles de alas blancas como la nieve. Era un periodo de paz y prosperidad, en el que no se pensaba en nada más que en la felicidad y no existían guerras ni disputas, no hasta que llegó Dios. Apareció de la nada con su poder destructor y su inmensa fuerza, devastándolo todo, apropiándose de las casas, los campos, los mares, desterrando a sus anteriores pobladores. Nadie podía verle, nadie podía tocarle, pero todos sabían que estaba ahí, acechando como un buitre, esperando la muerte de su presa.
En poco tiempo se convirtió en el supremo del planeta, todo lo veía y todo lo oía, nada escapaba de su dominio. La Tierra se convirtió en un lugar plagado de dolor y sufrimiento, muertes y enfermedades, donde la humanidad se deterioraba poco a poco. Muchos ángeles marcharon junto a Dios por temor o simplemente por comodidad, pero unos pocos se armaron de valor y se rebelaron. Fueron cayendo poco a poco, uno a uno, hasta que ya no quedó ninguno libre, pues todos terminaban en un lugar donde no existía más realidad que el castigo eterno. Las alas que en tiempos mejores fueron níveas se volvieron negras como el carbón. La humanidad perdió la esperanza de recuperar su anterior paraíso y se rindió al poder impuesto.
Durante mucho tiempo, todo fue así, simple rutina. Si alguien intentaba sublevarse, recibía un castigo peor que la muerte, el infierno. El lugar donde los condenados olvidaban la realidad y sucumbían al recuerdo de tiempos mejores. Pero lo que ellos no sabían era que en su causa no estaban solos. A la diestra de Dios, con una paciencia infinita y unos ideales inquebrantables, se encontraba Gabriel, un ángel con cara de niño mas con la sabiduría del mayor de los ancianos. Había estado contemplando a su señor durante toda la eternidad, esperando el momento adecuado para atacar.
Al fin, cuando se aseguró de que Dios confiaba plenamente en él, Gabriel bajó al Infierno y liberó a todos y cada uno de los ángeles presos, devolviéndoles su antigua vitalidad. Después visitó a los humanos y depositó en ellos un soplo de esperanza para que renaciese su antigua alegría de vivir. Dios, al descubrirlo, enfureció de tal manera que, antes de que pudiese terminar su tarea, lo convirtió en piedra y lo colocó a seiscientos sesenta y seis metros sobre el mar, en el parque de El Retiro, para que los habitantes del mundo recordasen cuánto era su poder. Pero con lo que no había contado era con que los ángeles caídos no cesarían en su empeño de restaurar la felicidad sobre la Tierra.”
Tras escuchar la historia en el más absoluto silencio, me detuve a contemplar durante unos minutos la estatua del que había sido mi antecesor, Gabriel.
- Entonces, ¿habéis perdido?- pregunté al fin.
- Fíjate en cada sonrisa que se dibuja en el rostro de un niño cuando ve a sus padres, en cada caricia que se dedican dos enamorados. ¿Acaso crees que si hubiésemos sido vencidos sería así?
- Pero eso significaría que los demonios son buenos y que nos han estado mintiendo toda la vida.-advertí con una sonrisa.
- No importa que ellos crean que es Dios el que hace nuestro trabajo, sino que vuelvan a recuperar poco a poco el esplendor del principio de los tiempos. Ha llegado tu turno. Ahora debes seguir luchando por la felicidad de la humanidad.
- Desde ahora estoy solo, ¿verdad?
- Tú nunca estarás solo, Gabriel, nadie nunca lo está.- Lucifer me dedicó una sonrisa enigmática antes de levantar el vuelo y desparecer entre las ramas de los árboles desnudos. Plegué mis alas negras y me senté frente a la fuente, contemplando el monumento mientras esperaba que la vida me mostrase lo que tenía preparado para mí.
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